La ozonoterapia devuelve la calidad de vida a una mujer con un caso grave de bronquitis crónica

Tos, cansancio, malestar, sensación de ahogo. La vida durante casi cuatro años era un sin

vivir para Isabel. Todo comenzó en un mal día, después de regresar de un viaje al

extranjero, cuando una infección pulmonar la postró en la cama. Varios diagnósticos

después y tras seis meses de tratamientos, su día a día no volvió a ser igual. La infección

pulmonar se convirtió en una bronquiectasia, una enfermedad inflamatoria crónica de las

vías respiratorias que implica la dilatación de los bronquios.

Isabel tenía 58 años y ejercía como profesora. Sus cuerdas vocales, su garganta y su voz

eran herramientas fundamentales para desempeñar su profesión. Por culpa de esta

enfermedad crónica no podía trabajar, no podía vivir con normalidad. En los hospitales no

encontraban una solución que mejorase su calidad de vida. Hasta que el pasado mes de

junio, cuatro años después de la primera infección, entró por la puerta de la Clínica Claro

de Vigo y comenzó el tratamiento con ozono.

“Cuando me bajaban las defensas o cogía un poco de frío tenía una recaída”, explica

Isabel sobre su situación antes de conocer la ozonoterapia. “La última vez que estuve en

un hospital de Vigo me dijeron que me iba a quedar así para toda la vida. No me daban

soluciones”, lamenta la profesora.

La docente viguesa lo intentó todo. Visitó a diferentes médicos y al final, en una farmacia,

le hablaron de los tratamientos con ozono. “Enseguida empecé a notar la mejoría”,

describe la paciente. Isabel empezó acudiendo a la Clínica Claro dos veces por semana y

reconoce que en menos de un mes ya vio los resultados. Sentía más fuerza y más

energía. Su sistema inmunológico se había recuperado. “Ahora ,en septiembre, tuve un

bajón. Cogí frío y percibí que iba a arrancar uno de esos episodios que otrora me

hubiesen causado una recaída, pero de momento estoy bien”, advierte.

Isabel es consciente de que su enfermedad crónica no va a desaparecer con la

ozonoterapia, pero gracias a este tratamiento ha devuelto a su vida la calidad que había

perdido. Aquel calvario todavía está muy reciente en su memoria: “Pasaba periodos de

seis meses encamada. Esta afección, como mínimo, me permitía ir a dar clase y volver a

casa para acostarme otra vez. Perdí vacaciones, navidades...”. Pero hoy, con su energía

renovada mediante el ozono, se siente con fuerza para luchar contra los problemas que

vengan. “Estoy en pie y muy contenta. Mi experiencia ha sido muy positiva, me ha

beneficiado totalmente y me ha dado calidad de vida”, sentencia.

Isabel, cuatro meses después de su primera visita a la Clínica Claro, vuelve a parecerse a

la mujer que era antes de contraer aquella infección pulmonar en un viaje hace cuatro

años. No obstante, tiene claro que la ozonoterapia no es un tratamiento sustitutivo, sino

complementario. “Desde que empecé con el ozono he vuelto a hacerme revisiones

médicas con mi neumóloga. Como estaba bien, no me dieron medicamentos, pero si me

recetasen aerosoles o antibióticos los compatibilizaría con la ozonoteraìa”, aclara

Por último, Isabel ha comentado en su entorno lo “absolutamente recomendable” que son

los tratamientos con ozono para casos como el suyo, incluso llegó a contactar con

algunos de los médicos que la trataron para explicarles su mejoría gracias a la

ozonoterapia.